martes, 14 de junio de 2011
numeraciones.
Un beso imperceptible, virginal, tras el lóbulo de la oreja. La respiración se paraliza a la espera de lo que pueda venir...o no. Llegan dos besos más, cálidos, tiernos, que me cierran los párpados y hacen descender lentamente un escalofrío por la columna. Entonces, casi sin darme cuenta, tres besos centran la sonrisa que esbozo, mi cuello se arquea pidiendo, sin palabras, más, y otros cuatro besos descienden desde la barbilla hasta el latido de un corazón que golpea al ritmo del deseo que crece. Rodeas mis pechos y alcanzas sus pezones con besos que voy contando casi sin querer (unos, dos, tres, cuatro, cinco...) como aparentemente sin querer, en fila por el sendero de mi torso, seis arrastrados besos desfilan (libidinosamente?) en ruta hacia mi ombligo, haciendo escapar de mi boca un gemido de placer y de ansiedad, para que siete sinuosos, húmedos y quedos besos naveguen entre mi vello, casi sin fuerzas para llegar hasta el refugio de mis axilas mientras un reloj sin control me palpita bajo el vientre. Ocho besos rabiosos, hambrientos ya, casi caníbales, me sorprenden al conquistar los hombros y me retuerzo y suplico sin saber si quiero que pares o que sigas ahí para siempre jamás. Pero sigues, y nueve largos, húmedos, traviesos besos recorren la columna hasta el final para encontrar cobijo entre mis nalgas, seducidas y entregadas ya a la avidez de tu lengua, de tus labios, de tus dientes, con los sentidos nublados por la decisión con que diez besos recorren los lugares más escondidos y el regocijo con que lo celebro. Once besos entre mis piernas me hacen pensar que incluso el paraíso tiene fin y todo acabará y gimo y suplico y pido que pares, y pido más y un calor suave y una dulzura indescriptible hacen que me olvide de contar el doce, el trece, el catorce. Y un placer incontrolable me invade y te inunda...y dejamos de contar para mirarnos.
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