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martes, 14 de junio de 2011

Vuelvo a un teclado, -maldito, maldito-,  maldito teclado al que he comenzado a aborrecer abiertamente como si el enemigo fuese él y no  nuestras vidas solas tan hechas ya y tan cerradas, y que necesitan abrirse y dejar espacio a lo que ya no somos ni tú ni yo, a esa parte nueva, nosotros, que construimos tan a tientas y con tantas ganas; con tanto miedo miedo y tan pocas certezas.

Me cuesta dejar de un lado los parapetos que construí, las defensas levantadas con paciencia y dolor, y tiempo, y miedo. Están todas conjuradas aquí, como un negativo, blanco sobre negro, luz sobre sombras. Mostrándose impúdicamente escondidas tras pestañas con fechas que ya no son nada. No sé si tú los tienes, si eres consciente de ellos, si pones en el somos lo que crees que deberías. Yo no. Y lo sé. Hay tanto más que podría entregar a esto que ya no somos. Pero me pueden las dudas y por momentos una rabia sorda me sube hasta la garganta y me ahoga los ojos y las ganas. No es por algo que has hecho o has dicho. Es una furia ciega y sinsentido que veo aproximarse claramente sin ser capaz de detenerla. Nos ha puesto a prueba alguna vez. Suficiente para temerla y hacerme el propósito de no liberarla jamás.

Sé que será difícil explicarme, hacer que alguien lo entienda alguna vez y no me esfuerzo porque tampoco lo pretendo ni lo necesito. Es así y ya. Parte del pasado que me hizo como soy, quien soy (quien quiera que sea).Y no importa si aún, -a veces-, me sobresalta si llegás por detrás. Ya no es miedo, mi amor, es solamente un absurdo acto reflejo, la respuesta aprendida que aparece inconscientemente ante lo que fue una y otra vez señal de peligro.

Y, sin embargo, a pesar de todas las incertidumbres, de todos los errores, de todas las excusas, ahora hay una espalda -la tuya-, que ya no es el símbolo del desprecio sino el anuncio de una sonrisa al otro lado, y  una espalda, -la mia-, que ya no es el símbolo de la indefensión, sino de la entrega sin condiciones, y cuando aun dormida me abrazas por la espalda los miedos, las dudas, el dolor , las barreras no están.Y será muy tonto, pero nunca creí que dos cuerpos desnudos y dormidos dándose la espalda pudieran ser la imagen del amor y la serenidad. 

Podrías haberme entregado el mundo; me has regalado la paz. Nunca sabrás hasta qué punto la prefiero.




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