Aquí no
hay escapatoria.
Las
aves vuelan sobre mi cuerpo que esta desnudo recostado en el centro del campo,
sobre la yerba, y la mirada perdida en
el cielo azul, el sol bañando mi cuerpo con su manto de calientes manos.
Mis
cabellos de fuego adornando el pasto verde;
De
pronto.
Un
estruendo agita mi corazón con rapidez, las nubes se tornan grises y los
relámpagos comienzan su alboroto; el cielo empieza a llorar.
Las lágrimas comienzan a cubrirme, mis cabellos se empiezan a despintar, la sangre a
derramar.
Me
levanto y me dirijo a paso lento hacia aquel roble grande, al llegar mis
fuerzas se desvanecen y caigo a sus pies.
En un
momento deliro tu voz, lentamente abro mis ojos y no te veo, al
cerrarlos vuelvo a escuchar tu voz, y vuelvo abrirlos y como
un sol veo tu lindo rostro; creí jamás volver a mirar.
Desde
los infiernos hasta el cielo.
Maldita
confusión.
Y si
creíste que había muerto, pues si.
Pero
renací desde el más hondo de los infiernos tan solo para verte la cara
de imbécil.
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